Tribunal Eclesiástico

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El Matrimonio: un camino de realización

El Matrimonio: un camino de realización
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El hombre y la mujer fuimos creados por Dios para complementarnos, perfeccionarnos y caminar juntos, buscando el bien integral de la pareja que busca formar una familia, engendrando y educando los hijos.

 

El matrimonio: un camino asumido por dos personas

 

Dios creó al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, cuando sopló sobre ellos y les dio el aliento vital, los bendigo, los hizo pareja para que se acompañaran y se complementaran y fueran fecundos. Jesús, cuando los fariseos le preguntaron por el matrimonio, recordó la voluntad del Padre sobre la pareja humana, y confirmó la indisolubilidad, diciendo que aquello que Dios ha unido, no lo separe el hombre. El hombre está llamado a vivir el amor, con el cual llega a Dios, en pareja, es decir a perfeccionarse viviendo como esposos, haciendo del día a día, una ocasión para entregarse a la otra persona y así llegar a Dios.

 

Siendo el matrimonio una vocación, el hombre se debe preparar para ello. Debe ser libre y consciente de la responsabilidad de formar pareja, y de caminar en pareja, que significa aceptar a la otra persona, aceptar sus límites, ser capaz de empezar de nuevo, estar dispuesto a vencer las dificultades y el cansancio de la vida y de la rutina de la otra persona.

 

Quien se casa, debe pasar del enamoramiento, a la responsabilidad del amor que implica donación y entrega. Las palabras del consentimiento que los esposos se dieron el día de la boda, deben estar presenten siempre, sabiendo que caminando juntos, venciendo las dificultades, el amor se hace fuerte, y se llega a Dios, fuente del amor.

 

Quien quiere el matrimonio, debe saber que hay que construirlo día a día, y que esto implica desbaratar, empezar de nuevo, buscar materiales fuertes y sólidos, dejar a un lado lo que no sirvió, y pensar en la otra persona con quien se comprometió a vivir una comunidad de amor. Fruto del amor conyugal, generoso y bueno, son los hijos a quienes los esposos deben educar y guiar, formando así una familia, Iglesia doméstica.

 

El matrimonio, según lo enseña el can. 1055 es: “La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole, fue elevada por Cristo Señor a la dignidad de sacramento entre los bautizados”. Es a través del consentimiento, como la pareja se entrega mutuamente en una alianza indisoluble de carácter heterosexual.

 

Para lograr integralmente el proyecto matrimonial, los novios se deben preparar convenientemente a través del conocimiento personal, la aceptación serena del otro, y la construcción de un proyecto de vida juntos donde implica no solamente el deseo sino madurez humana y cristiana para ver en la vida de esposos, un camino de perfección hacia la santidad.

 

Al matrimonio pueden llegar todos los bautizados y quienes no se lo prohíbe la ley de la Iglesia. Sin embargo, sólo aquellos que están dispuestos a vivir día a día el consentimiento matrimonio, pueden alcanzar lo que el sacramento enseña

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